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miércoles, 16 de abril de 2014

Merry London e la Toscana

No todo ha sido penar en este invierno. También ha tenido cosas muy buenas. La mejor, sin duda, que por fin me he convertido en tío, que se dice pronto teniendo ya 28 tacos y siendo el menor de cuatro hermanos. Ello ha llevado a mis primeras navidades sin pisar España y a visitar Londres, de donde es mi sobrino, en un par de ocasiones. La primera fue para una bonita semana de navidades, en la que disfrutamos la ciudad de una forma diferente, no tanto como turistas sino relajados y más a fondo. No dejamos de conocer cosas nuevas, como las preciosas afueras de Greenwich y su meridiano cero o una visita guiada gratuita por el palacio de Somerset. Pero lo mejor fue pasar el tiempo en familia y preparar una grandiosa comida inglesa de Navidad, con su pavo y demás. Y no me debo olvidar de la divertida (y gay) comedia que vimos en un teatro de barrio que llevaba por nombre "Margaret Thatcher Queen of Soho". Ahí es nada.

Comida inglesa de navidad
Somerset House
El trayecto en barco a Greenwich, aunque algo caro, merece la pena
Espectaculares vistas desde Greenwich


Para entonces mi sobrino aún no había nacido, así que a mediados de febrero volvimos unos días para conocerle, cambiarle pañales y mecerle para que dejara de llorar (todo ello mientras los eslovenos se llenaban de orgullo cosechando medallas en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi). Yo era uno de esos que siempre decía que no le gustaban los niños, algo que empezó a cambiar cuando comencé a trabajar con ellos. Pero tener uno en tus brazos de tu propia familia es algo totalmente diferente. Espero verle pronto de nuevo. No fue a la única persona a la que visitamos. También aprovechamos una noche para salir y quedar con Gonzalo, un amigo de ambos de la época erasmus que desde hace un tiempo vive en Londres, y zamparnos una hamburguesa divina.

Ambas ocasiones el viaje fue el mismo, desde Liubliana con Easy Jet. Pero la vuelta del segundo viaje fue diferente para mí. No regresé a Eslovenia, sino que tomé un vuelo de Ryanair desde Stansted en dirección a Bolonia. Allí me iba a reunir con los grandes Antonio y Eduardo. Ellos ya estuvieron en Eslovenia, hace tanto tiempo que parece que sucedió en otra vida. Así pues, esta vez acordamos vernos a mitad de camino, y que mejor lugar que la Toscana y alrededores para ello. Después de esperarles más horas de las recomendables en el aeropuerto de Bolona (que al menos era bastante agradable) cogimos un transfer directo a la perla que es la ciudad de Florencia. Una ciudad turística donde las haya y con grandes joyas de la historia del arte, especialmente en lo que al Renacimiento se refiere. Grandes hits como la catedral y su cúpula de Brunelleschi, "El nacimiento de Venus" de Botticelli, el "David" de Miguel Ángel y un casco antiguo enorme, en el que no había más que turistas, muchos de ellos estadounidenses y japoneses. Es una ciudad muy bonita, pero ese ambiente tan turístico nunca me gusta. Todo lo contrario que en Bolonia, nuestra siguiente parada. La ciudad universitaria italiana por excelencia estaba repleta de vida, con calles a reventar de gente local. Tiene un centro histórico también coqueto, en el que destacan sobre todo esas dos altísimas torres medievales, pero es cierto que no hay cosas de gran trascendencia como en Bolonia. Aunque tiene algo que cautiva. Esas tapas que se ponen en los bares y el ambientazo nocturno. Nos pusimos finos. Y como todo lo bueno se acaba, una tarde de domingo tuve que volver a Eslovenia, con un barato y agradable transfer de GoOpti, que siguen creciendo y recientemente han ampliado y expandido sus destinos.

Preciosa Florencia
Foto ilegal de mi tocayo
Las dos torres de Bolonia, que no
de la Tierra Media
Miedito para subir hasta arriba

sábado, 21 de septiembre de 2013

Blednays Propaganda

Tengo un buen número de entradas pendientes, pero debido al Eurobasket (sobre el cual ya hablaré largo y tendido) el único tiempo libre que he tenido prácticamente desde que volví de mis vacaciones en España lo he dedicado a dormir. En los próximos días irán apareciendo poco a poco para dar continuidad a este blog que cumplirá tres años en breve. La noche anterior al mencionado viaje fue una toledana. Empezó en Bled, más concretamente en uno de sus bares, Kult, que sigue en pleno ascenso hacia la conquista de la noche junto al lago. Después de la decepción de la última vez, Bernays Propaganda se presentaban a la reválida conmigo. Y además en casa (no lo he dicho por aquí, pero desde julio y hasta nueva orden estamos de nuevo viviendo en Zasip). Allí estábamos Monika y yo, y poca más gente. Estaba un poco a la expectativa, pues no quería irme enfadado otra vez. Pero consiguieron devolverme la fe. No es fácil hacer un buen bolo en una sala con tan poca gente (y eso que la entrada era gratuita), aunque como público normalmente suelen ser los conciertos que más se recuerdan. Solo tocaron cincuenta minutos, pero soy consciente de que un grupo de sus características no pasará nunca de la hora sobre el escenario. Además alternaron temas de sus tres discos y me compré el último, de título "Zabraneta planeta", por solo cinco euros. Nunca me había hecho con uno de sus álbumes originales porque los había visto un poco más caros. Y la verdad es que mola tener un CD en cirílico. El próximo mes estarán otra vez en la carretera y caerá otra entrada sobre ellos. 

La cantante, siempre activa, dejó unas perlas dedicadas
al turismo que no entendí

Después de esto, la noche estaba lejos de acabar. Cruzando la medianoche Monika me llevó a Liubliana, donde me esperaba mi transfer de GoOpti, que definitivamente han llegado para quedarse como mi compañía de cabecera. Ya a la una de la madrugada empecé un viaje a través de una nueva ruta, dura como todas para salir de Eslovenia. Al menos pude dormir bastante en la furgoneta antes de llegar al aeropuerto de Bérgamo, hacia las cinco de la mañana. Solo empezaba a amanecer, pero el trajín que había en el pequeño aeropuerto era el mayor que he visto nunca hasta la fecha en uno. Entonces, un avión de Ryanair me llevaba directo a Madrid tras poco más de dos horas de vuelo, aterrizando ya cerca del mediodía. Fueron dos semanas las que pasé en España, a camino entre Juarros de Voltoya, Madrid y la provincia de Cádiz. La vuelta a Eslovenia la realicé con el mismo recorrido, pero tuve suerte y me tocaron las máximas cuatro horas de espera que ofrece GoOpti. Digo suerte no porque la espera sea algo deseable en este tipo de viajes, sino porque gracias a ello pude acercarme al centro de Bérgamo. El aeropuerto se encuentra bastante cerca de la ciudad. De hecho, la parte antigua se divisa desde la pista de despegue. Me había fijado a la ida y parecía una visita muy prometedora. Y no defraudó. Con la pesada mochila a la espalda me dirigí al autobús y durante unas tres horas pude pasear y disfrutar de una encantadora ciudad medieval italiana situada en lo alto de una colina. Cada esquina del casco antiguo era un lugar que podría perfectamente dejarte sin aliento. Cuanto más lugares de Italia ve uno más se da cuenta de que cada ciudad italiana es una auténtica preciosidad. 

Cada edificio es una obra de arte
Y sobre todos ellos destaca la capilla Colleoni
Los alrededores de Bérgamo son verdes y montañosos
Típica foto de tonto que viaja solo. La Bérgamo Baja
desde la Bérgamo Alta

jueves, 16 de mayo de 2013

Rock'n'roll road trip

Tanto silencio tiene una respuesta a gritos: que no he parado. Todo empezó el sábado 27 de abril, cuando tomé no un vuelo sino dos a Madrid. La política de cancelación de vuelos Madrid - Venecia sigue su curso, así que si ya era antes difícil encontrar algo decente cada vez lo va siendo aún un poco más. En fin, no quedó otro remedio que probar una nueva ruta. Ésta fue Trieste - Londres Stansted - Madrid, todo ello con Ryanair. Estaba comprado con tiempo, por lo que no fue ni caro ni barato. Tampoco excesivamente práctico, pero la verdad es que el viaje no supuso más horas que en otras ocasiones. Llegamos con la noche ya entrada, una cena de pasta con la familia y a acostarse, porque al día siguiente tenía cita con uno de los mayores retos físicos de mi vida. Si os acordáis hace un tiempo me dio por empezar a correr. Después de los diez kilómetros había que dar un paso adelante y me apunté al medio maratón del Rock'n'roll Maratón de Madrid. Con el "extraordinario" tiempo que está haciendo este año no pude empezar a entrenar hasta finales de febrero, y aún así me tocó hacerlo la mayoría de las veces con nieve, frío o lluvia. Pero pude entrenar bastante por Liubliana (este año cambié Rožnik por Celovška Cesta) y Bled (una maravilla correr alrededor del lago), aunque no tanto como me hubiera gustado. Lo máximo que llegué a correr en un entrenamiento fueron 16 kilómetros, por lo que tenía alguna duda al respecto. Al final todo salió bien, solo un poco de sufrimiento muscular en los últimos kilómetros. La marca fue de 1:51:53, nada mal para ser la primera vez y en unos registros muy similares a los de los 10 kilómetros de Liubliana.

Foto de cretino absoluto

Además de esto y de ver a la familia y a los amigos la otra gran razón del viaje era recoger al fin el Citroen C3 que compramos allí en Navidades. Para volver con él a Eslovenia, claro. En esta ocasión Monika y yo fuimos con un par de amigos eslovenos, por compartir gastos y distribuir las horas de conducción, pero a fin de cuentas acabé prácticamente conduciendo yo casi al completo los 2.200 kilómetros que hicimos. A Madrid le separan unos 2.050 kilómetros de la capital eslovena, pero decidimos dar un poco de vuelta para ver algún lugar que nos apetecía. El viaje lo planeamos con tiempo y lo decidimos hacer en tres días. La primera jornada fue de Madrid a Castries, un pueblo cerquita de Montpellier donde habíamos reservado el hotel, barato y bastante aceptable. Fue el día de mayor kilometraje, con 980 kilómetros al volante sin relevos. Pero no se me hizo muy duro, probablemente porque las autopistas españolas fueron las mejores de todo el camino. Llegamos sin problemas sin GPS ni mierdas así, aunque justo la cagamos en la misma calle del hotel intentando entrar en una casa particular. Esa misma noche dimos una vuelta por el pueblo, muy coqueto, y a la mañana siguiente visitamos Montpellier. Es una bonita ciudad de la costa sur francesa con orígenes medievales. No me gusta reconocerlo, pero me gustó Francia más de lo esperado en mi primera vez, ¡y los franceses no me parecieron tan desagradables como pensaba!

Una sorprendente cantera en Castries
No solo en Segovia hay acueductos
Ya en Montpellier hicimos un nuevo colega, Luis XIV
Esto es la France, amigos

El segundo día era en el que habíamos de cruzar toda la Costa Azul para adentrarnos en Italia. Al poco de dejar Montpellier la carretera se fue convirtiendo en una sucesión interminable (¡más de 200 kilómetros!) de viaductos, túneles y subidas y bajadas, todo ello con una gran pendiente sobre el mar, a cuya orilla quedaban lugares como Cannes, Niza, Mónaco o San Remo y Génova ya en Italia. Una carretera muy bonita pero de desgaste al volante, así que tuve que dejarle un rato a Monika. Nuestro destino era Cinque Terre, el cual nos costaría encontrar un poco más esta vez. No nos quedamos en ninguno de los famosos cinco pueblos, pues los precios eran prohibitivos, sino en Biassa, un pueblo también muy pintoresco en las colinas sobre el mar. A la mañana siguiente tan solo visitaríamos uno de los más famosos, Riomaggiore, pues el aguacero que caía no era muy placentero. Aguacero que nos acompañó en gran parte del camino de vuelta a Eslovenia, donde llegamos ya caída la tarde del domingo para descansar lo mínimo y levantarse al día siguiente para continuar con la rutina del trabajo.

Biassa
Cinque Terre
La máquina junto al acantilado
Riomaggiore
Conduciendo a través del corazón de la tormenta

martes, 25 de septiembre de 2012

Por fin una visitilla

Desde abril de 2011 no recibía una visita. Durante mi segundo año aquí no vino a verme absolutamente nadie. Pero este tercero ha comenzado muy bien en ese aspecto. Siempre se agradece muchísimo pasar tiempo con tu gente, aunque yo estuviera por España hace poco. Esta vez ha sido Álex, un amigo del pueblo. Vino por motivos de trabajo a Italia, no muy lejos de la frontera con Eslovenia, y aprovechó para pasar el fin de semana en mi segundo país. Así pues, fue una visita exprés. Le organizamos un transfer desde el aeropuerto de Venecia hasta Liubliana con la empresa GoOpti. Yo siempre había tenido reticencias a la hora de usarla, porque hasta el día de antes no te dicen la hora exacta de partida. Pero de todas las empresas de este tipo que han aparecido en Eslovenia en el último año es la más grande y la más profesional con diferencia. Así que a partir de ahora tal vez se convierta en mi empresa de transfers de cabecera. Incluso estos últimos días han empezado a publicitarse en vallas y televisión. Un día y medio fue lo que estuvo Álex. Lo intentamos exprimir al máximo, visitando Bled (y Radovljica de paso) y Liubliana. Pude comprobar una vez más lo muerta que está Liubliana los fines de semana, aunque al final de la noche del sábado encontramos el bar Parlament bastanta lleno. Y, por cierto, por fin vi el "rastro" de Liubliana. Los domingos por la mañana se pone gente a la orilla del río a vender antigüedades. Se pueden encontrar cosas curiosas. En fin, acabamos bastante cansados de patear y supo a poco, pero aprovechamos el tiempo. Si el resto queréis ver estas cosas ya sabéis que os espero con los brazos abiertos. 



miércoles, 5 de septiembre de 2012

La Vuelta

Ya estoy otra vez en Eslovenia, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Genial estar de nuevo con Monika y echando de menos a las personas dejadas allí. Pasar tanto tiempo en España después de dos años aquí ha sido, cuando menos, una experiencia emotiva, y he podido disfrutar de los amigos y de la familia de manera más pausada. Espero haber recargado las pilas para una nueva temporada. Estoy aquí para afrontar el que ya será el tercer año, así con la tontería. Manténganse atentos a su pantalla para estar al corriente de todo.

Esta vez hice un nuevo recorrido para viajar a Madrid. Sí, todavía me quedan vías por explorar. El billete lo compré con mucho tiempo, así que me salió por un precio bastante asequible a pesar de ser verano. Y lo que compré fue con Alitalia desde el aeropuerto de Trieste (Aeropuerto Friuli Venezia Giulia o Ronchi dei Legionari, bastante alejado ya de Trieste) a Madrid, con escala en Roma (Fiumicino). La verdad es que la escala es super corta, con lo cual el viaje no resulta excesivamente largo. Bueno, eso al ir, que me llevaron al aeropuerto en coche. Al volver ha sido otra historia. Todo bien hasta Trieste, a pesar de los horarios intempestivos (que por algo son los más baratos). La odisea comenzó allí. Había reservado un transfer con la compañía eslovena DRD. No sé si lo he dicho en alguna ocasión anterior, pero en Eslovenia hay un montón de compañías de este tipo, ya que los aeropuertos del país son una pena y la mayoría de los eslovenos viajan desde aeropuertos italianos o austríacos. Yo ya he usado un par de ellas, y ésta incluso la había usado en una ocasión desde Venecia, sin mayores complicaciones. Pero en esta ocasión, también por mi culpa de haber reservado con muy poco tiempo y de mala manera, todo fue mal. Tenía que esperar un par de horas desde mi vuelo hasta que me recogieran, pero tuve que esperar una hora más porque el autobús llegó con retraso. Son cosas que pasan, pero llamé al teléfono de atención y la verdad es que me daban poca información, lo cual me cabreó bastante. Bueno, el autobús finalmente llegó. Al menos una cosa buena, pagué solo diez euros (que para mí que fueron directamente al bolsillo del conductor) cuando debería haber pagado 20. Pero no me dio billete ni nada. Entré al autobús y la verdad es que la atmósfera era un poco rara. Después, en Italia fuimos por carreteras secundarias y no por autopista. Pero lo peor estaba por llegar. Cuando nos acercábamos a Liubliana entramos en un área de descanso para que algunos pasajeros cambiaran de transporte. Error. Había un enorme control de policía que nos acabaríamos comiendo. Estaban parando a autobuses y furgonetas de países de tradición inmigrante (Bulgaria, Rumanía, Macedonia, Ucrania...). Eslovenia es un cruce de caminos y sus carreteras sirven para conectar el occidente de Europa con el oriente. Les registraban todo, hasta extraían la gasolina del coche para analizarla. Y nos acabó tocando. Una hora y media estuvimos parados porque la empresa no tenía los papeles en regla. Fue una experiencia curiosa, pero lo peor era la falta de información. Hablé con otros viajeros y alguna persona mencionó que no era la primera vez que sucedía esto con esta empresa. Así que si pensáis viajar con ellos, tenedlo en cuenta. Finalmente arrancamos de nuevo y llegué a mi destino: Monika.

Esto es todo lo que vi de Roma :D

Aeropuerto Friuli-Venezia Giulia

Yo dejé Eslovenia como un país más civilizado

sábado, 28 de enero de 2012

Doma...

Demasiado tiempo. Soy consciente de ello. Son cosas que pasan cuando se tienen muchas casas y ninguna, que no se encuentra el tiempo necesario para echar el freno, sentarse y reflexionar. La Navidad este año la pasé entera en Eslovenia y pude confirmar que no se celebra tanto como en España, o al menos no en todas las familias. Cosas comunistas. Se me hizo bastante raro no celebrar Nochebuena, pero al menos este año nos tomamos las uvas gracias al canal internacional de TVE, que a menudo lo veo en Zasip. Eso fue lo de mayor interés que hicimos en Nochevieja, porque a la mañana siguiente nos esperaba el largo camino a casa. Es decir, a Madrid. A las cinco de la mañana nos levantamos para ir a Lesce a coger el tren a Liubliana. Y en esta ocasión la novedad fue que cogimos un transfer desde Liubliana directo a Marco Polo (el aeropuerto de Venecia) con la empresa eslovena DRD. La verdad es que somos idiotas, porque es la forma más barata y rápida de hacerlo, pero hasta ahora no la habíamos considerado. Unas dos horas y media de viaje por 25 euros, y es bastante fiable (aunque a la vuelta, que también hicimos lo mismo, fue un tanto surrealista). Hicimos el tradicional vuelo Venecia – Madrid, pero esta vez fue con Easy Jet por primera vez, porque los imbéciles de Vueling han quitado este vuelo. Me gustaría saber por qué, porque siempre iba lleno. Pero bueno, con Easy Jet sale más o menos igual de precio. Nunca he contado por aquí cuando he estado en España, pero esta vez me apetece decir algo, porque las visitas van escaseando y cada vez lo echo más de menos. Estuvimos una semana, en la que vimos a multitud de gente (no lo puedo evitar y tengo que ver a todo el mundo aunque sea cinco minutos) y simplemente hicimos un viaje a Daimiel a visitar a Silvia después de su reciente marcha de Eslovenia. Claro está, aprovechamos para ver las Tablas de Daimiel. Además de esto, compras, roscón de Reyes y poco más. Volver a Eslovenia me ha costado mucho más esta vez. Supongo que por varios factores: que llevo más tiempo aquí y mis visitas son más escasas (aunque prometo que en 2012 va a haber muchísimas más que el año pasado), que mi casa de Madrid ya tenía terminada prácticamente la reforma y que Monika esta vez vino conmigo, por primera vez desde que vivo aquí.

En Las Tablas de Daimiel

Una de las primeras noches en Madrid nos encontramos esto
en una cervecería. Un montón de etiquetas de cervezas
"yugoslavas". La mayoría son eslovenas, de diferentes
productos de Laško y Union, las dos grandes principales
cervezas del país y con gran rivalidad entre sí (aunque la
propietaria es la misma empresa). Son etiquetas bastante
antiguas, porque la mayoría de productos ya ni siquiera existen.

Desde que he vuelto, lo mismo de siempre. O casi. La rutina de trabajar y pasar muy poco tiempo por casa (Zasip), porque ya no tengo descuento en los trenes al haber cumplido los 26 años y es mucho más caro. Así que he aprovechado para quedarme unos cuantos días en casa de nuestro antiguo vecino en Liubliana o en casa de un amigo español que hice hace algunos meses y con el que cada vez tengo más trato. Aitor se llama. En una de esas fuimos a la inauguración de una exposición fotográfica en la Galería Nacional eslovena coorganizada con la embajada española, donde pude comer queso manchego y jamón por la patilla. La exposición se llama "La mirada en el otro", y ya ha estado en varios lugares reuniendo diferentes fotos de Premios Nacionales de Fotografía. No la vi completa, y la verdad es que no me pareció muy interesante, pero hay fotos de gente bastante conocida como Ouka Leele o Alberto García-Alix. Yo es que no soy muy fan de la fotografía. Y aparte de esto hay dos novedades muy importantes en nuestra vida. La primera es que ya no tenemos coche. Al Daewoo Matiz últimamente siempre se le estaba rompiendo algo y suponía una sangría de dinero que ya no nos podíamos permitir más. Así que con todo el dolor de nuestro corazón decidimos enviarle a mejor vida. Es una putada estar sin coche, pero si no nos lo podemos permitir es en gran medida porque por fin volvemos a vivir a Liubliana. Nada más volver de España nos pusimos por fin en serio a buscar pisos, porque yo ya trabajo bastante más, y después de tres días y de no haber visitado muchos dijimos que sí a uno. Era barato y no está lejos del centro, así que a pesar de que es muy pequeño y de otras carencias nos decidimos por él. Este mismo domingo nos mudamos, así que ya contaré más sobre él.

Siempre te recordaremos, pequeñín. Inolvidables tus viajes a
Italia, a Austria (subiendo ese horrendo puerto de montaña),
a Croacia (saltándonos la frontera), etc.
Descansa en paz, te lo mereces.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La siempre apasionante aventura de viajar desde/a Eslovenia

Aquí estamos de vuelta otra vez desde hace ya unos días, y, claro está, los viajes han sido una odisea de horas y lugares. No hay otra forma de moverse entre Eslovenia y Madrid, a no ser que te quieras gastar el pastón increíble que cuestan los billetes de Adria, la compañía aérea nacional eslovena que ofrece vuelos directos en verano entre Liubliana y Madrid. Que por cierto, aún no he volado nunca con ellos. Manda huevos. Total, que a la ida (sí, supongo que para mí ir de Eslovenia a España, ahora, es hacer la ida) volé con el billete de vuelta, valga la redundancia, del voluntariado. Lo que quiere decir: con Czech Airlines haciendo escala en Praga. En un principio la escala iba a ser de un par de horas, pero hubo un cambio en el vuelo a Praga. Al final tenía el vuelo en Liubliana a las seis de la mañana y después en Praga a las ocho de la tarde. El resultado de ello fueron doce horas entre un avión y otro en el que evidentemente me marché a la ciudad. Ya había estado antes, pero aún así estuve paseando por los lugares turísticos con tranquilidad y haciendo alguna cosa un poco más diferente. La gente se vuelve loca con Praga, pero a mí tampoco es que me pirre. Reconozco que es especial, pero me pasa lo que con Venecia. Hay tantos turistas que es un poco asqueroso. Eso sí, esta vez no había ni la mitad de los que vi en mi primera visita.

Un dragón en Praga

Y al volver aquí innové e improvisé un poco. La última vez que hice la ruta de Venecia acabé un poco harto y además los de Vueling han cancelado la conexión con Madrid, así que me dediqué a buscar otra alternativa. Y creo que ha resultado ser la mejor por ahora. Me siento un poco idiota por no haberla encontrado antes. Volé desde Madrid a Verona con Ryanair (muy barato). Allí me di unas horas para visitar la ciudad, ya que nunca había estado por allí. Como todas las ciudades italianas está genial, y ésta también estaba petada de turistas, ya que para los que no lo sepáis (yo tampoco lo sabía, o al menos no lo recordaba, hasta unos días antes) es la ciudad de Romeo y Julieta. Además hay un imponente anfiteatro romano, que es el primero que veo en mi vida. Una vez hecha la visita de rigor cogí un tren con destino a Gorizia, la parte italiana correspondiente a la ciudad eslovena de Nova Gorica. Tuve que cambiar de tren en Mestre (la parte de Venecia en tierra firme) y en este otro conocí a un personaje iraní que iba a hacer negocios a la Koper eslovena. Me encanta charlar con gente en estos viajes, siempre me fascinan las historias que cada uno esconde. Llegué al destino e iluso de mí, creía que Gorizia y Nova Gorica compartían la estación de tren, pero no es así. Con lo cual, con la mochila a cuestas tuve que cruzarme a pie toda la ciudad italiana, a la que ya le eché un ojo de paso y me sorprendió muy gratamente. Si es que cualquier ciudad italiana es bonita. Habrá que volver por allí con más calma, ya que en Nova Gorica volví a no ver nada más allá de la estación de tren, junto a esa plaza de la que ya hablé hace tiempo. Esta vez llegué a la plaza desde el lado italiano (que por cierto, se llama Plaza Transalpina y no Plaza de Europa como la parte eslovena) y cuando la crucé por fin pude descansar. Desde allí simplemente ya un tren a Podhom, el pueblo de al lado de Zasip que simplemente está separado por la propia vía del tren. Vamos, que como podéis ver cualquier viaje a este país es hacer un mini interrail.

Miles de enamorados mancillando la casa de Julieta en Verona

Entre Italia y Eslovenia

domingo, 31 de julio de 2011

Dopust

El interés por este mi blog va bajando a pasos agigantados. Pero bueno, es algo con lo que había que contar. Creo que ya sólo se mantienen al pie del cañón los más fieles y algún que otro despistado que llega a aquí "googleando" cosas de Eslovenia en español. Al fin y al cabo, mientras a mí me queden ganas de seguir escribiendo, eso es lo más importante. Esta entrada también viene con tiempo de retraso, pero a partir de ahora espero volver a ponerme al día. Y en ella voy a hacer un breve resumen de las tan deseadas vacaciones después de este primer año (¡casi ya!) en Eslovenia. Llevaban ya bastante tiempo planeadas y nos costó ahorrar para ellas, pero finalmente las pudimos disfrutar a tope. Fueron diez días a mediados de julio, primero con una semana en Londres y después con tres días en Istria (Croacia).


Mi hermana y su marido viven en la capital inglesa desde enero, así que era visita obligada, ya que desde Eslovenia o alrededores hay multitud de posibilidades de vuelos baratos. Nosotros finalmente elegimos el aeropuerto de Klagenfurt, que es la capital de la Carintia austríaca y está a escasos cincuenta kilómetros del pueblo de Monika. Sus padres nos llevaron en coche, cruzando esa frontera por Ljubelj de la que hablé hace no mucho. Me llamó mucho la atención que por el lado austríaco, Loibl, que así es como lo llaman los austríacos, es mucho más puerto de montaña. Y más aún me sorprendió el estrambótico y bizarro monumento a Jörg Haider (el antiguo líder de la ultraderecha de Carintia y gran enemigo de la minoría eslovena en Austria, negando sus derechos al bilingüismo) en el lugar de su fallecimiento en accidente de coche, ya a escasa distancia de la ciudad. Después del pertinente retraso del avión, llegamos al aeropuerto de Stansted y desde ahí nos encaminamos a la gran ciudad. Yo ya había estado en Londres, pero tan sólo un par de días de paso en uno de mis anteriores viajes a Eslovenia. La verdad es que no me gustó nada la ciudad: demasiada gente, demasiadas tiendas, demasiado tráfico, etc. Pero esta vez iba con una mentalidad un poco más abierta y he cambiado bastante de parecer. Sí, es agobiante, pero probablemente Londres sea la ciudad por excelencia en todo el mundo. Allí se puede ver absolutamente de todo. Tuve mucho más tiempo para apreciar la ciudad con calma, y nos metimos una buena sesión de museos (que si la Piedra Rosetta, que si "El matrimonio Arnolfini"...), de paseos y de todas esas cosas que se hacen cuando se es turista. Además, un día hicimos una excursión a la costa meridional, visitando Brighton (impresionante palacio e impresionante muelle) y el perdido y sorprendente pueblo de Arundel. Una buena semana, sin duda.

Con las ganas me quedé de probar el Atlántico. Me tuve
que conformar con mojar los pies

Al volver, y tras un breve paso por casa nos encanimos hacia Croacia, más concretamente hacia la Península de Istria. Istria es la península más importante del Adriático, empezando en el Golfo de Trieste y llegando hasta Rijeka, pasando antes por Pula al hacer el "triángulo". Así pues, la costa eslovena forma parte de Istria. No en vano, Koper, la capital de la costa eslovena, tiene por nombre italiano (en toda la costa eslovena son oficialmente bilingües) Capodistria, o "cabeza de Istria". Cruzamos la frontera esloveno-croata muy cerca de la costa y nos dirigimos hacia nuestro destino: Vrsar. Por la carretera me sorprendió mucho la cantidad de bosque que hay allí. No sé por qué, pero yo me esperaba un paisaje mucho más árido. Ingenuo de mí. Vrsar, u Orsera en italiano (sí, en esta parte de Croacia también hay bilingüismo), es un típico pueblo istriano, con su aire veneciano y su iglesia en el punto más alto. Y también con su absoluta dedicación al turismo de playa en la época veraniega. Aquello estaba hasta arriba de italianos, holandeses y alemanes. Nos alojamos en un pequeño camping (que, por cierto, era la primera vez que hacía eso) muy cerquita de la playa. Poco que contar de lo que hicimos esos días: playa (de piedra y bosque, claro está), algún paseo por el pueblo y comer pescadito frito. Nunca vienen mal unos días de descanso. A la vuelta, hicimos una pequeña parada para ver el cercano canal de Lim, que en las excursiones turísticas también se atrevían a llamarlo fiordo. Más bien es una ría y a mí me impresionó bastante, ya que nunca había visto algo así. Istria tiene mucho más que ofrecer, pero ya hay otra visita planeada para más adelante y con más detalle, de la que hablaré en su debido momento.

El Adriático desde el casco antiguo de Vrsar


Lim

viernes, 31 de diciembre de 2010

Veseli december

Después de otra breve visita a casa me dispongo a cerrar el año en Eslovenia. Esta vez fui a España y volví volando desde Venecia, como casi siempre. Pero al ir probé un itinerario nuevo. Cogí el famoso tren nocturno entre Liubliana y Venecia. Me habían hablado fatal de él, pero a mi la verdad que salvo el horario intempestivo me pareció de puta madre. Muy barato y además dormí casi todo el viaje, que para mí es una auténtica proeza. Este mes de diciembre se destaca, aparte de por las cosas que ya os he contado, por haber empezado el voluntariado. No he hablado mucho de ello. Trabajo en Lesce, que es un pueblo al lado de Bled, de unos cinco mil habitantes. El pueblo no es muy bonito, y me llama la atención que no tiene centro histórico, tan solo la iglesia. Trabajo en una casa de acogida que se llama Kresnička (luciérnaga). Mi horario es de 3 a 7 durante la semana. Estas semanas han sido de adaptación, pero creo que no haré mucho. La verdad, me aburro un poco. Pero cuando me siento así pienso que gracias a esto puedo estar aquí en Eslovenia (si es que me empiezan a pagar algún día; vamos haciendo progresos en ese aspecto). Estos días lo que he hecho ha sido decorar frascos, botellas y cosas así para un mercadillo de navidad que tuvimos al lado de la iglesia del pueblo (¡joder qué frío pasé!) y estar con las dos niñas que había, una de las cuales ya se ha ido. No puedo hablar mucho con ellas, ya que prácticamente no entienden inglés. Pero por otra parte eso está genial, porque el poco esloveno que sé (llevo bastantes semanas sin estudiar) lo practico. Sigo confiado en que dentro de unos meses lo hablaré. Otra cosa que hice en el trabajo fue ir a una cena de navidad, que sí, aquí también se hacen. Fuimos a un restaurante del pueblo que se llamaba Leški dvor (Salón de Lesce), donde comí unos "čevapčiči" cojonudos, unas salchichas de carne picada típicas de los Balcanes. Pude ver a todos mis compañeros de trabajo juntos y hubo también amigo invisible.

No se aprecia muy bien, pero hay casetas a la orilla del lago

Y a parte de esto pues os puedo contar algo de cómo es la navidad aquí. En general, gracias a la magnificencia de la globalización pues es prácticamente igual que en todas partes. Decoración con luces navideñas, árboles, dulces, etc. Aquí no hay turrones ni cosas de esas, se come "potica", que es un bollo muy típico esloveno y que a mí no me acaba de convencer, chocolate y demás. Tampoco se celebran los Reyes Magos, sino que se celebra San Nicolás (que es el 6 de diciembre), Papá Noel y también, lo más curioso, "Dedek Mraz", el abuelo frío. Este último es típico en la culturas eslavas y tiene mucha influencia comunista. En realidad, se podría decir que es el Papá Noel comunista. Su día es Nochevieja. Y aquí cada familia pues da los regalos y celebra más el que mejor le parece, según la influencia de la religión, del comunismo (durante Yugoslavia no había religión), etc. Ayer ví a Dedek Mraz en su carroza mientras dábamos una vuelta por Bled, alrededor del lago. Supuestamente había mucha gente dando la vuelta al lago con antorchas, pero sólo vimos unas pocas. Además hubo fuegos artificiales y algunas casetas de diferentes asociaciones con, por supuesto, "kuhano vino". Por cierto, me he dado ya un par de buenas hostias gracias al hielo. La de ayer fue de campeonato. En la próxima entrada ya os contaré qué hago esta noche.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Volver, volver...

Volver a Madrid. Diez días bastante intensos, en los que he visto a muchísima gente (tal vez demasiada) y no he tenido tiempo para hacer todo lo que querría, he asistido al curso de formación para voluntarios de la Unión Europea como yo en un pueblo perdido de Málaga bastante curioso (buena gente y que me ha servido para ver que hay gente muy motivada con esto del voluntariado y así cargarme las pilas pues para mí a priori es algo un poco más secundario), me he cargado de libros de español para traerlos a Eslovenia, etc.

Esto es la zona de facturación del aeropuerto de Liubliana

Volver a Eslovenia. Esta vez tanto me fui como volví a través del aeropuerto de Liubliana, cosa que no ha sido habitual en mis idas y venidas a este país. El aeropuerto está bastante lejos de la capital (a veinte kilómetros más o menos), de hecho está más cerca de Kranj, la cuarta ciudad más importante de Eslovenia. Como es de suponer, es un aeropuerto bastante pequeño, pero eso tiene sus cosas buenas, como que no hay que esperar por nada. Se llama Jože Pučnik, que según Wikipedia fue uno de los grandes críticos de la Yugoslavia comunista y uno de los padres de la actual Eslovenia independiente. Me fui de Eslovenia con buen tiempo, y he vuelto a un lugar totalmente blanco y en el que no para de nevar. No es normal a estas alturas del año, como tampoco fue normal que nevara en Madrid en noviembre (supongo que fue para que me fuese aclimitando). Es muy bonito, eso es cierto. Lo que más me fascina de cuando nieva mucho es el silencio que hay en la calle, y también que el mundo me parece que se reduce a un simple decorado. Me parece "falso" todo a mi alrededor. Pero espero que vengan días mejores y toda la nieve se vaya, porque ya tendré tiempo de hartarme de ella. Una cosa que hice ayer "gracias" a la nieve fue quitarla de los alrededores de la casa de Monika. Supongo que no habíais pensado nunca en ello, pero sí, amigos, eso hay que hacerlo, y mucho. Te armas con una pala y a darle duro. La verdad es que es un ejercicio interesante y casi hasta entretenido, pero cuando lo tienes que hacer varias veces al día durante mucho tiempo supongo que tiene que ser cansino a más no poder. Y ayer también empecé el voluntariado. No sé muy bien qué decir, estuve un poco descolocado. La "directora" ayer no estaba, y la verdad es que porque ya conocía el lugar y a la gente que trabaja allí, sino creo que aún habría estado más perdido, porque no me explicaron mucho. Pero bueno, supongo que será cosa de irme acostumbrando. Por cierto, el sitio es una casa de acogida para niños (que no sé si lo había dicho antes o no) que se llama Kresnička (luciérnaga) y está en Lesce, un pueblo cerca del de Monini. Ayer lo que hice fue jugar al parchís esloveno con las niñas, ir a Radovljica (el pueblo de al lado) al centro del que depende Kresnička a hacer un taller y hablar en esloveno con las niñas. Son muy simpáticas, pero los niños cambiarán muy a menudo, ya que sólo están allí por períodos cortos. 

La carretera de Zasip


Volver a escribir el blog. Joder que pereza me ha dado después de casi dos semanas sin hacerlo... Espero que no se repita. Y volver a adaptarme a estar aquí, que aunque parezca mentira se necesitan unos días y se vuelve a echar de menos a tu gente.